Lluvia con sol
Milintentos #3
¿Cuál es el hobby más popular de Suecia en invierno? Esto fue lo primero que se me vino a la mente, porque esta vez quiero escribir sobre el sol. En Suecia el verano dura poco, la noche mucho. Tengo un amigo que cree que los suecos son exitosos porque el clima de allí no los deja disfrutar la vida. Lxs suecxs están condenadxs al éxito.
Pequeñas máximas interiores, pequeñas cábalas, límites, fronteras difusas con tocs. Salir al sol y mirar para arriba. Cegarse. Cerrar los ojos y volver a ver buscando la luz a través de la piel finita de los párpados. Pensar que la luz atraviesa mi piel. Frotarse los ojos fuerte y ver estrellitas.
Yo luchaba. Era un enemigo de la siesta de verano. Luchaba contra el calor. Veo a mi abuela diciendo que no abra las persianas ni las ventanas, que entra la calor. La siesta impenetrable del pueblo, la siesta fortaleza del 24 de diciembre. Esa previa infranqueable. El silencio. Las películas del invierno americano, con 36 grados a la sombra. Mi tía yendo a comprar cohetes. Unos años después, el mismo lugar con menos tías, si llueve no salgo. ¿Cómo nos vamos de este campo atascado de mierda y barro a las 2 de la mañana?
Quiero conocerte esta noche, quiero reconocerte entre la gente del pueblo. Quiero pensar que te voy a encontrar y tendré el valor para hablarte.
El sol del verano madrileño, sentado en una plaza de Lavapiés, una plaza de cemento. Inventando historias sobre las personas que pasan. Lejos de casa las horas son más largas y húmedas. Las horas gotean, se te pegotean en la espalda, se deslizan, escurren lento, te pican en las piernas, las manos, no hay posición para dormir las horas. Tanto para hacer. Tanto para ser. Pasar el verano para empezar la vida. Infinito infinitivo.
Las piletas públicas repletas, todxs hacemos fila fuera para entrar. Hijxs, padres, hermanxs, abuelxs, todxs. Como una discoteca de pueblo. Mezcladxs, intentando encontrar algo de frescura que nos permita ser felices por un rato. Sentir que la piel transpira, que la, humedad viene de adentro y recorre todo el ambiente. El calor de otro cuerpo, húmedeciéndose, humedeciéndome. El agua está tibia. Si me subo a un avión ahora quizás estalle en el medio y no tenga que llegar a Buenos Aires.
La lluvia artificial de los bomberos en la cancha, esperar, cantar, saltar, esperar, cantar, saltar. Dejarse llevar. Es épica la lluvia. Ayer leí una imagen: “Cuando uno extraña un lugar, lo que realmente extraña es la época que corresponde a ese lugar; no se extrañan los sitios, sino los tiempos.” Borges.
"Es un condimento. Un lugar, algo que me dé calma, chocolate, el sonido, escuchar."
Este sonido de lluvia en Spotify tiene 7 millones de reproducciones mensuales. Pero no hay sonido del sol. No existe. Lo más parecido es una cosa extraña que suena a que te despertás con un asesino a los pies de la cama. El sol son tus viejos, la lluvia es tu madrina cuando vuelve de viaje.
Este poema de Oliverio Girondo:
NOCTURNO 5
La lluvia,
con frecuencia,
penetra por mis poros,
ablanda mis tendones,
traspasa mis arterias,
me impregna,
poco a poco,
los huesos,
la memoria.
Entonces,
me refugio
en un rincón cualquiera
y estirado en el suelo
escucho,
durante horas,
el ritmo de las gotas
que manan de mi carne,
como de una gotera.
Mientras escribo esto estoy en el fin de semana de clásicos del fútbol argentino, Racing-Independiente de fondo. Quiero que llueva. Hace dos días hubo una tormenta que trajo la calima, arena del desierto del Sahara a Madrid, sin lluvia, solo unas gotitas sueltas, tristes, color naranja. La borrasca Celia, ¿por qué la mayoría de las tormentas tiene nombre de mujer?
Google me sugirió “la borrasca Cecilia", nombrada por la Agencia Meteorológica Española por haberla previsto para el 22 de noviembre de 2019 (día de Santa Cecilia). La idea de nombrar con nombres de mujeres a las tormentas se consolida a fines del siglo XIX a partir de un meteorólogo británico llamado Clement Wragge.
¿Machista? ¿Resentido? ¿Hombre de su época? Lo interesante es que a partir de un reclamo de un grupo de mujeres, liderado por Roxcy Bolton, a mediados de los años 50 del siglo XX se dejó de bautizar así a las tormentas y se fijaron nuevos nombres que se repetirán cada seis años. Si querés saber si tenés nombre de tormenta, podés verlo acá. Cada seis años vuelven las mismas tormentas, aunque no son las mismas, se llaman igual, tienen características similares, pero son distintas. Conocí esta cuenta estos días:
Empecé hablando de Suecia. Y eso es porque acabo de volver de IKEA (o acababa cuando empecé a escribir esto), que es una mega tienda de muebles que se venden en cajas planas. Los mortales compramos allí porque es más barato, aunque luego hay que armarlo. El origen de IKEA es en la provincia de Småland, Suecia.
Hoy es jueves y estoy en La Rioja, debería estar durmiendo, pero releo este borrador y me doy cuenta de que hace cinco días pedía lluvia, ahora extraño el sol y miro mis fotos.
El lunes pasado cené en el centro, en la barra de una pizzería, solo. Tenía ganas de hacerlo. Busqué cosas pensando en escribir en este momento. No vi nada interesante, me sentí un poco falso, como quien busca desesperado alguien con dos piernas o buen equilibrio cuando suenan los últimos temas del boliche. Encontré un búho viejo y petrificado en el marco superior de la ventana y algunos mensajes en el techo. Como un espejo de telo, el mensaje refleja al extranjero que hay en vos.
Sigue lloviendo, pero encontré un sol inesperado.
Si tenés ganas, dejame en los comentarios algo que te surja de este texto o sobre lo que quieras que escriba. Si te gustó mucho y no me seguís, podés suscribirte aquí:
PD: En Småland hay alces. Si alguna vez soñaste con uno, parece que es símbolo de orgullo, fuerza y resistencia. Imagínate encontrar un alce en el bosque, en medio de una tormenta.





No podía dejar de compartir esta genialidad publicitaria.
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Abrazo a la distancia.
https://youtube.com/shorts/joF2sV1qjkc?feature=share